Eduard Punset by El viaje al amor

Eduard Punset by El viaje al amor

Author:El viaje al amor [amor, El viaje al]
Language: eng
Format: epub
Publisher: ePub Bud (www.epubbud.com)
Published: 2011-04-10T16:00:00+00:00


Capítulo 7

El poder de la imaginación

No te irás sin verme dormida. Porque no dejaré que te vayas sin antes tocar tus cabellos con la yema de mis dedos. Y dormirme después a tu lado.

(Mensaje enviado desde la orilla del lago Atitlán, Guatemala)

Edouard Francisque era ministro de Hacienda en el Gobierno de Jean-Claude Duvalier, Baby-Doc, que sucedió a su padre, el dictador François Duvalier, más conocido como Papa-Doc. Como representante del Fondo Monetario Internacional en el Caribe yo asesoraba a Francisque en la administración del crédito contingente concedido al Gobierno de Haití. Fue él, licenciado por la Sorbona, quien me desveló el poder de la imaginación en cuestiones de amor.

En repetidas ocasiones, escondido detrás de sus gafas negras, se ausentaba mental y repentinamente ante los ojos atónitos de los visitantes ilustres del mundo occidental que me habían solicitado una entrevista con el ministro de Hacienda. Ante los gestos de sorpresa de los visitantes por el silencio inesperado y la profunda meditación del ministro sin previo aviso, yo les hacía gestos con mis dos manos extendidas de que esperaran. Terminada la entrevista y el trance, les explicaba que Francisque se había ausentado durante un rato, simplemente porque estaba dialogando con Erzulie, la diosa del amor en la cultura vudú.

Sabía, pues, de los estragos que podía causar en la vida cotidiana y hasta en los despachos oficiales el amor imaginado. Años después estudié con especial ahínco las investigaciones científicas sobre la imaginación, sin olvidarme nunca de Francisque

Lo rugoso y lo fragmentario de la vida

La capacidad de imaginar también tiene un claro soporte biológico. No abandonamos el recinto del cerebro cuando eliminamos las barreras del espacio y el tiempo. La percepción imaginada del Universo -incluida la del ser amado- está sujeta a los sentidos, fundamentalmente al tacto y la vista. Y tocamos o miramos en función de lo que sabemos.

Cuando gracias a un mayor conocimiento queremos mirar y tocar, nos encontramos con que la luz visible para nosotros constituye una franja minúscula del amplio espectro de longitudes de onda de la radiación. Más allá de la longitud de onda de las radiaciones electromagnéticas, la comprendida entre 380 y 780 nanómetros (un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro), más allá de esta franja no podemos captar las radiaciones, tanto las de menor longitud de onda (los rayos ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma), como las de mayor longitud (los rayos infrarrojos). Los soportes cognitivos y físicos de la imaginación son tan irrisorios que nuestra sorprendente capacidad para imaginar sigue siendo un misterio.

Con todo, podemos aparcar los impulsos amorosos desencadenados por el sistema inmunitario o las feromonas y adentrarnos, en cambio, en el mundo fantástico de la imaginación y los sueños, donde también se desenvuelve el amor. Pero que nadie se llame a engaño: la conciencia, el alma, la imaginación y los sueños están firmemente asentados en el cerebro y, por lo tanto, sujetos por la camisa de fuerza de los sentidos que con él conectan.

Sabemos cómo crece una planta pero no sabemos cómo nace un gran amor.



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